POR QUÉ NO ZLOTOGWIAZDA?

- No nos gusta su pelo.

POR QUÉ NO ZLOTOGWIAZDA?

- Es muy difícil pronunciar su apellido.

POR QUÉ NO ZLOTOGWIAZDA?

- Es mucho más difícil escribirlo y para una dirección de blog es complicadísimo. O sea, es anti popular.

POR QUÉ NO ZLOTOGWIAZDA?

- Físicamente, Tenembaum lo tira a la mierda.

miércoles, 20 de enero de 2010

el mar

en 11:25 7 comentarios

video

Cuando ves el mar y lo ves inmenso; cualquier cosa, cualquiera (un amor perdido, una ausencia, un dolor, 5 dedos en la piel, 3 veces "no") todo eso toma una forma estúpidamente pequeña.

Lo suficientemente pequeña y liviana para seguir de viaje.

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sábado, 16 de enero de 2010

me voy

en 18:35 2 comentarios



Hablé con mi amiga de los viajes.
Me concentré en relatarle el último que hice.
De los recién llegados que éramos. De todo lo demás: los tulipanes rosas de un hotel envejecido, la plaza con los libros viejos y la cena con salsa de limón y rúcula.
Y también una mala obra de teatro. Desperté en el final y pensé que me había dormido entre tanta gente peligrosa y sin talento… y ni siquiera había soñado.
También le dije que eso había sido todo.
Después hablé del tiempo. De las enfermedades largas. Esas que te toman desprevenido en los lugares importantes: en un pie, una mano, un brazo, un ojo, un río.
Y de lo que duele eso.
Mi amiga movía la cabeza.
Le dije que Marcos me dijo que el dolor es tan simple. Tan simple…
Llegué a la parte del lunes. Eso era lo que había querido contarle desde que llegó a casa. El lunes pasado me dí cuenta de que mi posición era la de la espera. De todas las esperas, la peor. La que me tiene en cuclillas, con las manos apretadas y el cuerpo deshabitado.
Eso me hizo llorar. Y también desesperarme. Y pensar que no había aprendido nada. Y llorar.
Y llorar de nuevo.
Lo que estoy diciendo fue así.
Lo juro.
Se lo juré a mi amiga también.
Ella me dijo que lleve abrigo si iba al mar.
Puse entonces en el bolso una campera.
También llevo música, un libro de Lorrie Moore (una de mis escritoras favoritas), manuscritos para corregir, y el entusiasmo de salir y no saber con qué voy a encontrarme.

No tengo pasajes para volver.
Pero eso no quiere decir que no vaya a hacerlo.
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martes, 12 de enero de 2010

estoy bailando bailando y bailando...

en 20:13 2 comentarios
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martes, 5 de enero de 2010

La gente se hace daño y qué?

en 0:25 19 comentarios
No voy a borrar las cosas así y hacer de cuenta que no nací en una casa donde había un patio con un paraíso
y
teníamos una bicicleta con respaldo, muchas muñecas, un juego de té, platos viejos, una cocinita donde mi hermana y yo éramos familia, donde al mediodía interrumpíamos el juego para almorzar, dormir la siesta, hacer los deberes, pelear por cualquier cosa que nos enfrentara y nos pusiera a distintas alturas de la alfombra.

No voy a mirar atrás e imaginar pisos flotantes sobre las baldosas y esconder debajo del pegamento que fui adolescente de una madre enferma que llegaba a casa después de trabajar todo el día en el Banco Provincia de Buenos Aires
y
lloraba en la habitación que tenia aire acondicionado. Y que esa habitación además daba a la calle de los jacarandaes y tenía una cama con una almohada de plumas que mamá abrazaba más que a papá; y también había un reloj despertador de plástico, dos veladores encima de las mesitas de luz, una repisa, el televisor y una pared con humedad, llena de esas cosas que se pierden y se pegan a la pintura. Hongos de todas las tardes.

No voy a cambiar de conversación cuando alguien propone hablar de las malas cicatrizaciones y los queloides y hacer de cuenta de que no conocí a un chico en el club
y
hablamos del clima, jugamos al voley, hicimos trenzas con los dedos, nos besamos en los parques más oscuros, me hizo el amor por primera vez en un Ford Falcon rojo, manchamos el asiento trasero, quitamos la sangre con esponjas y detergente, esperamos que yo sanara, lo hicimos muchas veces más, vivimos juntos, nos casamos, discutimos, le dije todas esas cosas que le dolían, perdí un hijo, dejé de quererlo y me fui de casa.

Pero tampoco voy a negar que el mundo me asusta, que tengo miedo
y
que por eso miento, digo la verdad como si lo fuera, me siento estúpida a veces, pongo los pies en el respaldo del sillón, escucho la misma música durante días, fantaseo con algunas posiciones de mi cuerpo, con su memoria de madrugadas y ventanas abiertas y palomas perdidas.

No pienso pasar por alto que pego folletos de otros países sobre los azulejos del baño
y
que espero milagros en el barrio, un derrumbe en cadena de balcones sin enredaderas, un cielo extremo sobre los edificios, una lámpara que lleve cien años prendida, y los taxis azules como lagos.


No.
No voy a hacerlo.



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