Viste cómo hace ella con los pies? Cómo baila ahí, en el centro de ese universo de gradas azules?
Cómo estira el cuerpo hacia adelante y recita en voz baja una poesía?
Cómo dice: "voy a rascarme la piel debajo de la piel"?
Cómo grita cuando le duelen las manos y descubre los huesos de las falanges, los más chiquitos, los que se doblan fácilmente para que ella pueda cubrirse la cara y llorar ahí adentro, entre los dedos?
Deberías estar atento. Ella no está bien. Hace días que no está bien.
Se balancea. Estira el cuello hacia un lado y hacia el otro.
Hacia un lado y hacia el otro.
Pega un salto a lo largo, uno igual al de los atletas de las olimpíadas, pero con más gracia. Y cae.
Se sacude en el parquet y se detiene boca arriba, agitada.
Mira hacia el techo y no ve otra cosa que antorchas eléctricas iluminándole el vestido.
Despliega los brazos a los costados. Apoya toda la espalda. Recita otra parte de la misma poesía.
La escuchás? Podés oír eso del abismo? Hay una parte incomprensible, si. Pero en seguida continúa con lo del cuerpo. Dice que le quedan solamente los huesos y los órganos después de que él la llena de líquido en un grito.
Y entonces se duerme.
La ves dormida?
Sueña el drama de esa noche en la que se desbordó sobre el colchón y cayó en picada 1500 metros hasta la alfombra. Y luego aparecen esos hombres y esas mujeres a los que les acepta como un animal hambriento las sobras de los fines de semana.
Se dobla sobre sí misma, como un arte japonés, cuando le llegan las imágenes de lo que no acepta aún: que su madre esté enferma, que su hermana no le importe, que su útero no se llenará de hijos.
Ves como tiembla?
Se espanta.
Y entonces se mueve despacio. Primero se pone en cuclillas y después se iza a si misma con los brazos en alto.
Empieza a bailar. Da vueltas.
Ves entonces lo que hace ella con los pies desnudos?
Acaso ves los zapatos a un costado?
No los ves?
No?
…
No?
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Cómo estira el cuerpo hacia adelante y recita en voz baja una poesía?
Cómo dice: "voy a rascarme la piel debajo de la piel"?
Cómo grita cuando le duelen las manos y descubre los huesos de las falanges, los más chiquitos, los que se doblan fácilmente para que ella pueda cubrirse la cara y llorar ahí adentro, entre los dedos?
Deberías estar atento. Ella no está bien. Hace días que no está bien.
Se balancea. Estira el cuello hacia un lado y hacia el otro.
Hacia un lado y hacia el otro.
Pega un salto a lo largo, uno igual al de los atletas de las olimpíadas, pero con más gracia. Y cae.
Se sacude en el parquet y se detiene boca arriba, agitada.
Mira hacia el techo y no ve otra cosa que antorchas eléctricas iluminándole el vestido.
Despliega los brazos a los costados. Apoya toda la espalda. Recita otra parte de la misma poesía.
La escuchás? Podés oír eso del abismo? Hay una parte incomprensible, si. Pero en seguida continúa con lo del cuerpo. Dice que le quedan solamente los huesos y los órganos después de que él la llena de líquido en un grito.
Y entonces se duerme.
La ves dormida?
Sueña el drama de esa noche en la que se desbordó sobre el colchón y cayó en picada 1500 metros hasta la alfombra. Y luego aparecen esos hombres y esas mujeres a los que les acepta como un animal hambriento las sobras de los fines de semana.
Se dobla sobre sí misma, como un arte japonés, cuando le llegan las imágenes de lo que no acepta aún: que su madre esté enferma, que su hermana no le importe, que su útero no se llenará de hijos.
Ves como tiembla?
Se espanta.
Y entonces se mueve despacio. Primero se pone en cuclillas y después se iza a si misma con los brazos en alto.
Empieza a bailar. Da vueltas.
Ves entonces lo que hace ella con los pies desnudos?
Acaso ves los zapatos a un costado?
No los ves?
No?
…
No?


