Cuando ves el mar y lo ves inmenso; cualquier cosa, cualquiera (un amor perdido, una ausencia, un dolor, 5 dedos en la piel, 3 veces "no") todo eso toma una forma estúpidamente pequeña.
Lo suficientemente pequeña y liviana para seguir de viaje.
Este es un blog donde se ama a Ernesto Tenembaum. No somos fanáticos, simplemente lo amamos. Y es importante aclarar que el contenido de este espacio no tiene absolutamente nada que ver con él. Una boludez total o un capricho; como ustedes quieran tomarlo. Pero amamos a Ernesto, eso sí.
Cuando ves el mar y lo ves inmenso; cualquier cosa, cualquiera (un amor perdido, una ausencia, un dolor, 5 dedos en la piel, 3 veces "no") todo eso toma una forma estúpidamente pequeña.
Lo suficientemente pequeña y liviana para seguir de viaje.


Yo en cambio, pienso que sos de esos homicidas a sueldo que matan de a poco. Que primero me hacés sangrar cuando hablo de amor, mientras te digo que no lo hagas, que es fin de año, que suelo llorar en navidad y que me asustan los fuegos artificiales. Un cielo iluminado por idiotas. Acaso no hay demasiadas guerras?
- Necesita algo más?
- No. Así está bien, gracias.
Pero no está bien. Casi nada está bien. Y estoy algo cansada de ponerme en punta de pies y balancearme entre el abismo y los jardines. Un péndulo de carne y hueso, dramático y lloroso, que cuelga junto a la ropa de entrecasa de una familia numerosa; a lado de las medias con puntillas de Ema, la más chiquita.
Y entonces la lluvia se empecina sobre la ciudad. Se arroja de manera suicida desde las terrazas y cae directamente en los tachos de basura. Lo que sobra queda en la ropa de la gente.
El capuchino me moja la nariz y me nubla la vista. Y tiemblo dentro de mí. Como si alguien me hubiera golpeado con esos palillos de metal y me llegara la vibración a las cuerdas vocales. Y canto bajito con la voz aguda. Y tomo el sobre del edulcorante y lo enrollo. Y paso la mano por mi pelo. Y me muerdo los labios. Y lloro tanto… Tanto que la moza me abraza y me dice que ella también lloró antes de venir.
Y mira alrededor y me dice que no me preocupe por los demás clientes. Que son inofensivos. Que ellos van a hablar de mi, de la mujer que lloró en el bar, al lado del ventanal. Pero que no podrán saber por qué, entonces van a decir: “estaba llorando… lloraba mucho...”
Y yo siento las mariposas muertas en mi estómago. Quiero vomitarlas y ver cómo eran en primavera. Pero la moza me dice si quiero agua. Y entonces vuelvo a mirar la lluvia. Hay demasiada afuera, le digo.
Ella sonríe y se va.
Nada de esto está bien, pienso. Tomo el teléfono y marco su número.
- Hola
- Hola, soy yo
- Hola
- Decidí viajar al final. Ahora está lloviendo mucho acá. Allá está lloviendo también?
- Si, bastante
- Estoy en un bar ahora
- Ah…
- Queria decirte…
- Ana…
- No, no… quería decirte
- Qué?
- Que hice 140 kilómetros hacia Buenos Aires
- …
- Y todavía te quiero.
to be continued...
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