
El ruido de las bombas te ensordece. Sacás entonces el arma. Uno de esos rifles con mirilla y silenciador.
Y cuando por la mañana decido morir famélica, en dejar de alimentarme, de darle de comer a mi cuerpo con tu carne; tu proyectil me dá de pleno en el cráneo (donde siempre pensé que estaban los recuerdos).
Y mientras vuelo con los brazos vencidos, como sobrándome dos extremidades (un barrilete con dos colas), paso por el cine y veo que entrás con el arma. Y que hablás con alguien sobre la obra del director de la película.
Y también recordás una poesía. Es de una amiga tuya.
Y entonces empiezo a reirme silenciosamente. Hago que lluevan las carcajadas sobre los edificios. Yo escribo mejor que ella, pero no querés citarme.
Lo hacés de nuevo, creés que si no hablás de mí el mundo se convierte en otra cosa.
Pero ahora la muerta soy yo. Y quiero desplomarme en la antesala, entre los afiches de Wong Kar-wai. Entre las cosas que no sirven para nada.
Como las fotos esas, a las que les quitaste los grises y me dejaron los ojos oscuros.
6 comentarios
qué pasó con los homicidas a sueldo? y los asesinos en masa? nos hace falta un poco más de 70s. las cosas se han vuelto tan civilizadas que aburren.
saludos albertina, gracias por seguir el blog. dentro de poco volveré a escribir.
claro, es aburrido para vos que la bala no te parte el cráneo...
De qué sirve tener ojos hermosos cuando estás muerto?
Te leo por allá. Si es que escribís. Acá a la derecha me avisan.
de qué sirve tener ojos hermosos cuando estás muerto?
de qué sirve tener ojos hermosos cuando estás muerto?
de qué sirve tener ojos hermosos cuando estás muerto?
...hace eco.
Beso grande.
te mando un beso yo tambien
te mando un beso yo tambien
te mando un beso yo tambien.
Cuánto hace que el miedo no me deja, ni siquiera, dejarme matar...
pues volví.
con poco, pero volví.
saludos.
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