POR QUÉ NO ZLOTOGWIAZDA?

- No nos gusta su pelo.

POR QUÉ NO ZLOTOGWIAZDA?

- Es muy difícil pronunciar su apellido.

POR QUÉ NO ZLOTOGWIAZDA?

- Es mucho más difícil escribirlo y para una dirección de blog es complicadísimo. O sea, es anti popular.

POR QUÉ NO ZLOTOGWIAZDA?

- Físicamente, Tenembaum lo tira a la mierda.

martes, 24 de febrero de 2009

me gustan los de naranja

en 8:46 8 comentarios
Hay lugares y momentos (generalmente ocurre por la mañana) en donde el mundo se me revela absurdo.
Y entonces me quedo esperando que alguien me diga -alguien en quien yo confíe y considere lo suficientemente lúcido y material- de qué se trata todo esto.

Hoy no veo por qué yo debería ir a trabajar.
O por qué quedé con el plomero para que venga a ver las cañerías.
O por qué no decir determinadas cosas dolorosas a determinada gente.
O por qué mierda no me saco de encima el salvavidas.
El viernes me dijeron que estaba muerta de miedo.
Es verdad.

Tengo miedo.
Ustedes no tienen miedo?
Qué hacen cuando lo ven venir de frente y los toma por las piernas y no sienten los pies... y entonces se quedan quietos?

Es un dia difícil.

Hoy me siento cobarde. Y además me comí 14 caramelos masticables.

La autodestrucción tiene la textura de celofán con una fruta impresa en el frente.
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miércoles, 18 de febrero de 2009

L A L O

en 11:06 6 comentarios
Cuando las cosas ya pasaron. Cuando uno da vuelta la cabeza, pone la nuca al revés y la mantiene del un lado inesperado, empieza a considerar el mundo de otra manera.
Uno dice como Alejandro Sanz: “No es lo mismo”.
También dice: “pero entonces... no era como yo creía”.
Y entonces es un quilombo.
Porque resulta que ahora uno “creía” y antes no.
Ahí es cuando comienzo a pensar que los adultos nos hemos vuelto estúpidos.
O tal vez, cierta clase de adultos.
Prendo la tele y veo a Lalo Mir en su casa de Buenos Aires. Siento que es como mi hermano porque nacimos en el mismo lugar. Pareciera que el “pertenecer” al mismo territorio me da más derecho de quererlo e incluso de compartir cierta manera de ver las cosas. Él tiene unos 20 años más que yo, pero hemos transitado ciertos lugares comunes: fuimos a la barranca de San Pedro a juntar arcilla para los experimentos de la escuela; jugamos ahí a las escondidas y tal vez nos descubrieron demasiado rápido; anduvimos con la “multiuso” por calles de tierra, cerca de la escuela Normal y escuchamos a Pepe Benseny, el locutor más famoso de la única radio que existía en aquellos tiempos de fotos en blanco y negro.
Me entero que Lalo tiene 3 hijas, que le gusta cocinar, que come un sándwich muy curioso con queso, aceitunas y papas de copetín entre panes de salvado.
Y veo que tiene una casa muy linda, que es divertido y que además se le nota desde el cristal de mi TV de 21 pulgadas que ama lo que hace, que dice lo que piensa y que sonríe porque tiene ganas.
Y entonces pienso en los adultos como yo, que rondan los 30 y pico, que se sienten derrotados en varios aspectos: el trabajo bien, pero deberíamos ganar más; nos gusta hacer cosas que perpetuamos como hobby así no nos comprometemos en trabajar en ellas y ser buenos; no tenemos hijos, ni pareja, sentimos que el mundo es una mierda y que es demasiado tarde para transformarlo en algo bueno. Decidimos flotar en las baldosas, esquivar las cacas de perro, putear a sus dueños cuando no están, practicar la cobardía urbana de no entrar en un local de ropa para preguntar el precio. Ir por el mundo chequeando la hora en el celular, llegando tarde a cualquier lado.
El calor hace todo más difícil, es cierto.
Las crisis de todo tipo, la de los americanos, la nuestra, la del campo, la de Cristina, la de Nazarena, la de Disney, la de Donald (Trump) nos afecta de la misma manera violenta. Nos oprime, nos hace sentir inseguros.
Y lloramos cuando nos duchamos.
Pero Lalo Mir aparece otra vez después de un par de publicidades muy muy creativas, dejando que la chef (que tiene una gran personalidad) le abra la heladera y mire que tiene manteca, embutidos, comida en viandas, gaseosas light y huevos.
Eso, tiene huevos.
Perdió el miedo e inventó un mundo sonoro. Hizo cosas maravillosas en la radio y es muy respetado entre sus colegas y los oyentes. Pero no sólo por lo bien que le salió. Sino porque lo hizo.
Y los adultos como yo permanecemos del otro lado del televisor envidiando eso. Teniendo miedo, sosteniéndolo en las falanges, escarbando las uñas para que no se vea la mugre, sintiendo el escalofrío propio de quien se da cuenta de que tiene que detenerse ahí y avanzar.
Si estamos acá y él allá, es por el recorrido.
Deberíamos darnos la chance de rondar precipicio, de evitar la seguridad de los semáforos (nosotros, muy idiotas, creemos que nos garantizan el paso), de caminar lento con zapatos sin plataforma. Inventarnos un lenguaje callejero y ecológico, que funcione con la luz solar y sólo cuando estamos en la intemperie, que nos obligue a salir de acá, de ahí, de eyectarnos de la posición sentada y cómoda del espectador...
Dejar de especular de una vez por todas
y llamarlo
y decirle que lo amo.
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domingo, 8 de febrero de 2009

lo que no pueden predecir los metereólogos

en 21:54 7 comentarios
Le doy la espalda al aguacero. Alcanzo a oír gritos adolescentes y corridas. Imagino mujeres pequeñas de remeras elásticas y zapatillas de tela buscando con desesperación un lugar donde burlar a la lluvia. Como si ella apuntara directamente a sus cuerpos; como si se lanzara con el fin de desteñirles el pelo o inundarles las medias.
La temperatura descendió sobre mí abruptamente y la compañía de luz ha decidido abandonar a su suerte las luminarias de la calle. La lluvia trae con ella una oscuridad mineral.
Adentro, yo no puedo más que respetar la forma en que cae el agua. Siento que no hay una cosa más auténtica esta noche.
Derramo mis extremidades en el colchón. Tomo decisiones mientras permanezco horizontal y excéntrica.
Habrá personas que no veré mañana. Caigo en la cuenta de lo frágiles que se han vueltos las cosas; vuelan en pedazos atravesando la epidermis y dejo las astillas adentro para que hagan lo suyo.
No me preocupa el dolor, sino el insomnio, el interrogante en la mesa de luz, la parálisis de los miembros inferiores y las comedias estúpidas en el cine.
La tormenta se endurece y apaga las luces del edificio. Nos trae la oscuridad. Nos la mete de prepo en nuestras casas. Mis vecinos comentan entre ellos, prenden velas, desenchufan los artefactos, hacen reclamos, se ponen ansiosos al teléfono, planean poner luces de emergencia y esperan que la luz vuelva lo antes posible. Dicen que el viento amenaza con volar las celosías y temen que el agua moje los adornos de porcelana.
Me detengo en las conversaciones del pasillo. Ellos preguntan si yo estoy. Si habré cerrado la ventana. Hablan de mis horarios de llegada y se equivocan cuando describen lo que hago en el trabajo.
Sonrío sin hacer ruido.
Hoy llueve dentro de mi.
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jueves, 29 de enero de 2009

ELLA SABE BIEN

en 10:08 6 comentarios

Dice que las cebollas la hacen llorar. Le dan pena. Las sentencia con el cuchillo y con ciertas definiciones. Afirma que son tubérculos previsibles. Ella sabe que habrá una inundación cerca de las mejillas. Detendrá el avance con los nudillos, antes de que le llegue a la nariz.


- ¿Sabés cuándo me sorprenden? Cuando están podridas. Ahí me ponen incómoda. Y nunca se pudren parejo… ves? –me muestra una cebolla color beige- Esta es la definición más exacta de la agonía… así como te lo digo.


Y lo dice con la contundencia de quien padece una enfermedad incurable. Alguien que te habla por última vez sobre algo, como esperando que se convierta en una verdad irrefutable. Pienso que es parte de su rutina, al menos una vez al día vocifera una hipótesis exagerada acerca de la naturaleza de las cosas.


-Esto de los alimentos transgénicos me cambió todas las metáforas…


Se ríe esperando mi aprobación. Yo la miro y asiento. Podría discutir con ella ahora mismo. Hablarle de lo que para mí es la agonía. Pero me quedo entre la cocina y el comedor, olfateando los alimentos que ella prepara con una habilidad asombrosa.


- Mirá este tomate… es tan rojo y brillante que puede adivinarse la marca del fertilizante.


Intento ver la marca.

No puedo.


- ¿Vos como estás?

Le cuento que me cuesta dormir últimamente. Que estoy buscando la manera de cocinar sin fuego. Que ayer hablé por teléfono con 8 personas distintas. Y que la luna no es un satélite que me interese entre los edificios.


- Vos no te das cuenta todavía. Pero la vida se te filtra por los costados. Salpica hasta cuando te quedás quieta. No quiero escucharte mañana diciéndome que odiás la combinación de los colores de los taxis. Cualquier cosa que te lleve a algún lado te parece terrible.


Pienso que muchas veces tiene razón cuando habla de mí. Pero no me gusta que me lo diga. Podría callarse.


- Igual, te vas a dar cuenta. Veo que ahora te vestís con colores fuertes. Y ayer cuando estabas frente al espejo, noté que sonreías. Si hay algo que siempre valoré es que sabés reconocer a los moribundos. Y no te viste.


Le pregunto si quiere que vaya a comprar helado para el postre.


- Muy buena idea. No compres sambayón. Es horrible.


Eso es otra verdad que ella dice.


Tomo las llaves y elijo las escaleras que me llevan abajo. Mi cuerpo está vestido de rojo y desciende a un pasillo intermitente. Recuerdo las cebollas podridas arrojadas al cesto de basura. Ella no se equivoca. Reconozco a los moribundos; sé cómo caminan y atraviesan las avenidas. Los veo aplastando las baldosas con zapatos cómodos y obedeciendo los semáforos, incluso a las 3 de la tarde. Yo fui uno de ellos mucho tiempo.

Pido chocolate amargo y vainilla. Me río de la combinación de colores.

Ella se va a dar cuenta.

Manipulando un poco las cosas, diría que llevo un taxi helado en telgopor.
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miércoles, 21 de enero de 2009

uff!

en 9:37 8 comentarios

Ya ves, no soy arquitecta. Apenas puedo meterme en la casa que otro construyó y vivir con unos pocos muebles.Es difícil para mí a esta altura. No dejo de compadecerme y cuando se hace de noche ya no sé bien qué hacer.
Estoy preocupada por las cosas que pasan fuera de mí: el calor, la crisis económica, el clima de Mar del Plata y la sequía en el campo.
Todo me confunde y me lleva a las orillas; ahí donde las cosas son de una manera u otra depende del paso que uno de.
Sin embargo, el miedo no me hace temblar. Me vuelvo una estatua viviente, de esas pintadas de blanco que vegetan en la peatonal. La parálisis es vertical, desde el cerebro a los pies y me hace sentir estúpida.
Me pregunto qué debería pasarme para ejecutar el primer movimiento; uno que se parezca a un paso de danza. Pegar un salto abriendo las piernas en ángulo y considerar el desgarro muscular como una consecuencia. Concentrar el dolor en los gestos y llevar los brazos hacia delante, como una aficionada.
Planeo una sonrisa anticipadamente. Antes de que las cosas empiecen a suceder. A dos horas de que abran los supermercados y los centros de pago rápido.
Estiro los labios hacia los costados y reparo en las manos; las venas poseen una elevación extraña, como queriendo salirse.
Me pregunto cuantas cosas conservo aún, innecesariamente.
Tomo el libro con el resto de las arterias que buscan permanecer dentro de mí. Decido continuar la lectura de ayer. El protagonista es un hombre de unos 40 años que se ha conformado con cierta idea apaciguada de la vida. Amortiza la resignación desde la fecha de la primera edición. Uno comienza a leerlo desde ahí y sabe que él va a hacer “lo que puede” con su trabajo, sus hijos y su ex mujer. Pero no pasará nada extraordinario.
Retomo en la parte donde habla de los turistas.
En el medio del viaje, me doy cuenta de que me equivoqué otra vez. No sé nada sobre Frank. Tampoco sobre mí.
Algo inesperado provoca el primer movimiento. Raspo con el dedo índice los restos de una mosca disecada que murió aplastada en la página 37.
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miércoles, 14 de enero de 2009

LO QUE SE TRASLUCE

en 9:57 4 comentarios
Hay un vidrio roto enfrente. Está más o menos a la altura del 5º piso. No he visto personas espiar detrás de él. Hay ciertas heridas a las que nadie se asoma.
El cambio de horario hace estragos adentro. El sol da de lleno en las paredes y en el único vegetal que resiste en el florero; lo atraviesa de manera desprolija y se queda largo tiempo, como esperando atardecer en las persianas.
Emma vomita una canción triste desde el minicomponente. Lo hace maravillosamente. Y entonces lloro.
Me compadezco de mí misma, de las buenas intenciones, de las noticias que he recibido en la semana. Alguien llamó a mi teléfono y me dijo que se murió un ser querido suyo a las 4 de la tarde.
La muerte vagó por los tímpanos y se perdió por ahí. Dicen que hay laberintos.
Durante la noche entristecí de manera inexplicable.
Quise contárselo a él, pero… ¿de qué manera? Sólo nos vimos cuatro veces.
Una mañana desperté y me dijo “estoy acá”. Tal vez haya percibido mi soledad; el peso de ella sobre su cama.
Pienso que hay una forma de voltear mi cuerpo, ponerlo patas arriba y enlongarlo hasta tocarme las puntas de los pies.
Siempre siento el dolor en el ombligo. Él me hace falta justo ahí… todo un sarcasmo a mi narcisismo.
La ventana lindante al vidrio partido tiene cortinas nuevas que se mueven con el viento. Un cuerpo pequeño se trasluce. Corre como escapando de algo o de alguien y entonces desaparece.
Sostengo los párpados entre las manos. Voy a morirme sin tener hijos.
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viernes, 9 de enero de 2009

mas o menos me siento así

en 8:32 1 comentarios
Estoy leyendo "El día de la Independencia" de Richard Ford. En la segunda página hay un párrafo que dice así:


Un hecho triste, claro, de la vida de los adultos es que uno ve cosas a las que nunca se adaptará que le apuntan desde el horizonte. Uno las ve como los problemas que son, uno se preocupa tremendamente por ellas, hace previsiones, toma precauciones, realiza ajustes; se dice a sí mismo que cambiará el modo en que hace las cosas. Pero no lo hace. No puede. En cierto modo, ya es demasiado tarde. A lo mejor incluso es peor: a lo mejor lo que se ve acercarse desde lejos no es lo auténtico, lo que asusta, sino sus repercusipnes. Y lo que uno teme que ocurra ya ha ocurrido. Es algo parecido a darse cuenta de que todos los grandes avances recientes de las ciencias médicas no nos serán de ninguna utilidad, aunque nos alegremos de ellos, esperemos que tengan a punto una vacuna a tiempo y pensemos que las cosas todavía podrían mejorar. Pero también es demasiado tarde. Y así se desarrolla nuestra vida antes de que nos demos cuenta de ello. Y se nos escapa. Ya lo dijo el poeta: «El modo como se nos escapan nuestras vidas es la vida.»

Estamos de acuerdo, me parece. Tal vez uno lee solamente para corroborar que tiene razón ja!
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lunes, 5 de enero de 2009

Justo detrás

en 23:21 5 comentarios

En el montón resiste una instantánea de una felicidad que no recuerdan. Cuatro cuerpos púberes y abrazados en orden aleatorio.El más chico ensaya una pose de primate; es el único que está descalzo.

Los otros tres sonríen mirando a una sola dirección, hacia un artefacto que les promete permanecer allí para siempre. Ellos no habían reparado en la mesita de luz, ni en los cubrecamas floreados. Llevaban enero en la ropa y en las rodillas flexionadas.

La de rayado era la única que no tenía flequillo pero ya usaba corpiño y sus piernas eran las más largas del barrio.

El de la izquierda conservaba la distancia del hermano mayor. Era alcanzado por un último abrazo y asumía toda la responsabilidad sobre su muslo derecho.

El mono tenia hoyuelos en las mejillas.

Del otro lado escribieron una fecha: 01/1983.


Justo detrás de mi cabeza.
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lunes, 15 de diciembre de 2008

ANTES DE QUE VENGA EL SEÑOR STREET

en 12:48 2 comentarios
Titular 1: Invierta en dólares. No sabremos si es culpa de la navidad o del año nuevo. O si es diciembre. Todos recordamos el helicóptero en estas épocas. Las corridas a los supermercados, los changuitos saliéndose de los estacionamientos, tomando la calle, haciendo temblar alimentos no perecederos en su interior.
Yo lo vi por la tele, paralizada. Poniendo las manos en la cabeza y parafraseando a alguien que dice “dios mio” cuando no puede comprender lo que ve, cuando las imágenes parecen de ciencia ficción y no asoman los títulos finales.
Hay en nuestra historia ciertos lugares comunes a los que no queremos volver. Pero que siempre están cerca, acechando de frente. Los vemos venir.
Uno entiende poco, lee los diarios, mira los noticieros, escucha a economistas, lee a los mismos economistas, habla con los vecinos que vieron en la tele a otros economistas. Parlotean sobre crisis e impactos, y predicen que se va a poner peor. Y entonces no armamos el arbolito todavía. Porque no tenemos ganas, qué vamos a festejar? El turrón está 15% más caro. El pan dulce viene con menos frutas, lo que complica a los cirujanos de las fiestas que extirpan una por una para comerse el resto. Compramos dólares por las dudas y estamos atentos.

Titular 2: ¿Eres adicta a los hombres? El me escribe un mail. Me habla de lo que hizo el fin de semana. Me pregunta cómo estoy, que le cuente. Yo podría enamorarme de él, lo sé. Pero él insiste con los mails y los impregna de cosas cotidianas despojadas de deseo, como la película que vio o con quien va a pasar la navidad. Yo supongo que está con alguien, o que no le intereso demasiado, o que le resulto sólo simpática y que no alcanza…
No entiendo por qué es tan difícil encontrarse en estos tiempos. Él aparece y desaparece en una especie de truco que lo lleva a 16 cuadras de donde yo trabajo. Nos separa la Bolsa de Comercio, el microcentro, las vidrieras de mujeres calvas y de los zapatos en eterna liquidación.
No hay nada entre nosotros, excepto eso.
Le contesto el mail aceptando las reglas de juego de una amistad que no sirve para nada.

Titular 3: Para Wall Street, el país será el más golpeado en la región. Atún desmenuzado o en trozos. Hay algo ahí. Cada sábado cuando me enfrento a los estantes de las conservas, tomo una lata, la acaricio, leo los ingredientes, trato de descifrarlos, pero sigo sospechando que el desmenuzado tiene cualquier cosa: una síntesis de deshechos de pescados desconocidos con una pizca de sardina y un poco de atún. El peso escurrido es una muestra amable de lo sinceras que pueden ser las industrias.
Entre Wall Street y el Merval, uno empieza a dudar de qué lata elegir. La sensación del desastre viene con la caída de aproximadamente 8 puntos (¿?). Nosotros, lo que no somos economistas expertos y charlatanes, creemos que eso es terrible. Que Wall Street es el nombre y apellido de un señor que nos va a quitar las ilusiones. Se trata de un tipo vestido con frac y galera. De rigurosos negro y bastón dorado. Nos va a tocar el timbre, nos hablará en inglés y nos apuntará con el bastón diciendo “you are dead, latin american citizen”. Nosotros no diremos nada, porque no hablamos en ingles. No nos interesa.
Elijo la lata de atún en trozos. Esta vez, una tercera marca. Pienso que es más o menos lo mismo.


Titular 4: ¿Cuán Geisha debiéramos ser? El contesta mi mail otra vez, preguntando cosas sobre las que escribí. Decido no responderle por ahora. Asumo una postura erguida ante la situación y demoro el momento, no quiero que me encuentre en el mismo lugar, idéntica. Los tipos en estos tiempos no hablan claro. A mi ya no me gusta dar tantas vueltas. Quisiera decirle que me gusta, que seguramente ya lo sabe pero que no entiendo a qué estamos jugando. Que es un idiota. Y yo más idiota que él prestándome a toda esta confusión ¿A qué le tenemos miedo? ¿A ir juntos al cine y que no nos gusten las mismas películas? ¿A que uno de los dos se enamore y que el otro no? Eso no tendría que ser el motivo de nuestra hemiplejía. Descanso los dedos en el teclado. Doy vueltas alrededor del escritorio para encontrar en los cables del CPU, el detrás de esta escena patética.
Me pregunto si él está jugando conmigo y yo dramatizando demasiado.
En voz alta cuestiono otra vez: ¿Por qué es tan difícil encontrarnos? ¿Necesitamos garantías también en las relaciones? ¿No podemos actuar sin evaluar las probabilidades? ¿Acaso no aprendemos de estas caídas? ¿De estas crisis que intentamos resistir viéndolas por televisión?
Finalmente sucede. El resultado es no darse cuenta del recorrido en vertical. Estamos cayendo y nos olvidamos de lo importante. Empezamos a dibujar números, a creer en ellos tanto como en Dios, a tomar decisiones sobre nosotros y los otros, según nos den las cuentas.
Le contesto el mail al otro día. En el mismo idioma. Diciéndole nada.


Titular 5: la crisis se profundizará en el 2009. Encuentro un poema de Charles Bukowsky que termina así: “esos hombres / fueron niños / una vez / ¿qué les pasó? / ¿y qué me pasó / a mí? / está oscuro / y frío / por acá”
Me quedo suspendida entre los titulares de los diarios y el poema. Hay un mundo que pesa demasiado y nadie sabe muy bien qué hacer con él. La gente comienza a creer que es mentira eso del año nuevo. Otra vez los números. Un 9 al final de la cifra y brindamos porque las cosas vayan mejor aunque sospechamos que no.
Pero parece que nadie está dispuesto a perder las esperanzas. La oscuridad arriba amenaza los patios con árboles y a los budines en la mesa. Ahí, cuando alguien vuelve a partir las nueces, aparece la melancolía que lo envuelve todo, hasta el azúcar del praliné. Pero llegan las doce y el cielo se enciende.
La oscuridad no dura para siempre.

Titular 6: Cuando ellos se van sin aviso. Él ya no contesta. Me posterga o simplemente desaparece otra vez. Entre la derrota y desilusión largo un insulto al proveedor del Internet. ¿Y si me contestó pero no me llegó? Llamo a la compañía, me atiende una operadora, le digo que estaba esperando un mail y que no me llegó. Que por qué no revisan bien cómo anda la conexión.
La chica me dice que está todo perfecto. Yo insisto. Le digo que hace varios días que tendría que haber llegado el mail. Le cuento brevemente la historia. Ella me dice que tiene una amiga que piensa que todo es culpa del servidor de hosting, pero que el tipo en realidad no le da bola. Le grito: ¿Y vos qué mierda sabés como venía la cosa?
Pienso que es una desubicada. Le corto y decido dar de baja el servicio.



Titular 7: La crisis no es sólo económica. Adoramos gurúes económicos que anuncian debacles financieras. Nos distraen con recetas parecidas a la de las revistas femeninas sobre cómo conquistar hombres. Nos dicen que tenemos que pagar por el cajón para que nos entierren. Nos dan cientos de argumentos para la infelicidad y yo termino dándole crédito a varios.
Que él no se interese por mí no ayuda a la situación. El test decía que éramos compatibles. El idiota se va a morir sin saberlo.
Antes que el señor Street toque a mi puerta, voy a ir al supermercado. Voy a manosear todas las latas. Voy a leer con atención la letra chica. Voy a fijarme si el código de la oferta coincide con el del envase. Voy a investigar si los supermercados suben los precios los sábados y domingos cuando hay 10% de descuento. Y después de eso, me voy a dar otra chance.
Tal vez sea hora de comprar la lata de atún desmenuzado. El amor puede estar en un envase corrompido. En la posibilidad de encontrarse con lo inesperado, entre los deshechos propios y ajenos, entre las expectativas desmedidas y el pesimismo que nos contiene. Aunque haya gente que nos diga que sabe como es la cosa, no nos olvidemos del amor.
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martes, 18 de noviembre de 2008

El problema es la moda

en 21:51 3 comentarios
Caminamos derrotados. Una fila de autos interrumpe la tristeza para convertirnos en peatones cautos. Esperamos que ruede el último y cruzamos.
Él dijo: “falta cada vez menos”. Yo dije que sí, que tenía razón.
Es extraña la forma en que nos convertimos en restos de la ciudad. Restos esperando el semáforo verde. Restos cruzando la calle. Restos esquivando personas.
Hablamos sobre la vida de ahora. Cómo está la familia de él. Cómo está la mía. No está igual, lo dos lo sabemos. No hacemos un diagnóstico de eso. Pensamos que así está bien.
Él tiene las fotos y yo olvido pedírselas.
Olvido todo, hasta el protocolo de saludarnos guardando distancia. Lo abrazo, largamente.
Le digo gracias. Que tenga suerte. Y no lo digo como un reflejo. Él devuelve el abrazo, me dice que igualmente. Suena el "igualmente" en la calle y giro hacia la puerta de entrada.
Tomo el ascensor y dejo pasar la humedad por los párpados.
Deseo que nadie ronde los pasillos y me detenga.
Abro la puerta y libero el llanto junto al perchero.
Lloro de la misma manera en que cae el agua en la ducha.
Escucho a lo lejos una canción. Una mujer solfea que una vez tuvo una ilusión y que no supo qué hacer.
Lamo los restos de mí en los bordes de la cama.
Miro la hora. Se hace tarde. Agrego una flor roja al vestido y tomo un taxi hacia la avenida. Pienso que hay lugares a los que no volveré.
Dios mío, tengo que dejar de usar el violeta. Me queda mal.
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lunes, 10 de noviembre de 2008

SUSI Y LAS DEMÁS

en 23:12 7 comentarios
Veo a Susana Giménez con las ex integrantes de Bandana. Ahora cantan y tienen sus propios discos.
Están todas más grandes y se visten brillantes. Supongo que es así como se viste a una estrella. Pensar que yo me miré todo el reality y me encantaba Ivonne, la colombiana. Tiene aún una voz muy hermosa.
Susana le pregunta a la rubia si es alemana. Ella es argentina pero seguro tiene descendencia. Le dice “si si, en mi familia hay alemanes, rusos, todos mezclados”
Susana les dice que van a tener éxito. Ellas hablan de prejuicios en el “medio”
Pienso… ¿en el medio de qué?
Marcelo, el ex Susano, no entiende nada. Insiste que hagan de Bandana una vez más.
Les dice: “Bailen Dance Dance para Susana… delen”.
Las minas lo quieren matar. Piensan (se les re nota en la cara que piensan): “qué puto más boludo”.
Ellas quieren construir una historia propia. Quieren algo diferente. Reniegan un poco de lo que hicieron. Ahora son inteligentes y quieren que se les note.
Dicen cosas como: “está bueno” “evolucionamos con nuestra música” “tenemos nuestras propias bandas” “la gráfica de la tapa representa la yuxtaposición de miles de cosas”, “me peinó fulano, gracias a él, seguro que está mirando…”
Las veo y hago un paneo hasta donde estoy sentada comiéndome el postre que según Maju Lozano es como comerse una manzana pero de chocolate sin las calorías del chocolate. Una es más feliz con esa idea. Rasco el fondo del envase con la cucharita. Hay lugares que una ya no puede alcanzar.
Pienso en que mañana voy a cumplir 34 años.
Me descubro en un monoambiente con paredes lastimadas. Es que los clavos se doblan antes de colgar los cuadros. Pedí como regalo un taladro con el juego de mechas incluido a mis compañeras de trabajo. Ellas juntan plata y le preguntan a quien cumple años ese mes qué quiere. Cuando les dije, me miraron y me dijeron: “preferimos comprarte ropa”.
Pienso que son unas hijas de puta. Al principio pienso eso y después me parece bien. Necesito ropa. Tengo que salir al mundo de una vez.
Dejar de tener miedo a los 34, no es un mal proyecto.
Enamorarse tampoco.
Si no… qué voy a hacer?
¿Esperar la temporada de liquidación?
¿Asistir a festejos de cumpleaños de los hijos de otros?
¿Recordar que se vencen los impuestos?
¿Ojear la programación de ISAT?
Llevo mis ojos al televisor. Qué linda que está vestida Susana. Esa si que no tiene problema… Qué feo el pelo de Lisa. Valeria tiene cintura de pollo (o sea, no tiene). La rubia es más alemana que rusa (¿?). La que grita está más gordita. Ivonne parece buena persona.
Noviembre tiene el peso dilatado del calor.
En casa no hay ventilación cruzada.
No quiero mirarme al espejo, me basta con adivinar las miserias de estas chicas.
Mientras, camino directo al tacho de basura para deshacerme del envase de la tentación. Dentro de 1 hora cumplo años. Ja! se me viene una melodía a los dientes. Inevitablemente me dejo seducir y canto mientras hago un pasito de baile: “Y esto se pone buenooooooo, de acá no me vo-oy”.

P.D.: Las chicas al final no bailaron.
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jueves, 2 de octubre de 2008

vienen a mí como si nada

en 11:47 4 comentarios
- Hace un tiempo me dí cuenta de que mi psicólogo es parecido a Fabian Vena. Pero no cualquier Fabian Vena, sino el de La Banda del Golden Rocket (cuando Maestro y Vainman eran re grosos).

- Hay gente a la que le gusta ir a los velorios, y te dice: "estuvo re triste"; pero si ven bien al dolorido dicen que "todavía no cae".

- Todas las semanas me preguntan cuándo voy a ir a San Pedro. Qué se yo!!!!!!!

- La panadería de acá cerca vende unas cosas re ricas. Pero aún no puedo decir "es la mejor panadería de Rosario". Hay gente que lo dice.

- Tengo la sensación, bastante seguido, de querer estar en otro lado.

- Qué rico es el arroz con leche.

- Recién un jugador de Racing dijo que jugando contra River, parecían el Manchester. Creo que no lo dijo en broma.
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